Wednesday, June 13, 2012

Sueños, pesadillas y otros efectos


Siempre tuve cierto respeto por el mar . Pero un respeto equilibrado, suficiente para dejarme ingresar en el agua en cada visita a la playa que hago cuando el clima es apropiado. Me encanta disfrutar de la adrenalina que genera correr mar adentro tratando de evitar que las olas rompan en mi hasta alcanzar el momento en que el envión de regreso me lleva con suavidad. O tomar coraje y meterme en la ola cuando está a mismo lta y ya por estallar. Lo pienso y se me pone la piel de gallina. Esa sensación de terror y disfrute al tiempo es extraña. Y lo interesante es que pude recordarla hace unos días con un sueño o pesadilla que tuve. Todavía estoy tratando de interpretar su sentido.

Estoy con amigos que no reconozco, pero voces se dirigen a mi, me llaman, dale animate! El lugar parece cerrado, como una especie de estudio de grabación con decorados. Pero cuando me paro en el centro de la escena veo el glaciar.  Imponente. Y de pronto estoy en el medio del agua, parada sobre un iceberg, presenciando la pared de un glaciar que esta por retroceder. La caída va a generar una ola cuyo tamaño es impensable. Y están, estamos los valientes, esperando que esto suceda, porque el agua cristalina y el efecto de remontar la ola tienen un valor indescriptible. Y la espera es angustiante. Qué va a pasar? Nunca estuve ahí, ni escuché sobre esta experiencia. La ola finalmente llega y es espectacular, pero inofensiva, porque no es la que estamos esperando. Tenemos que seguir quedándonos allí, hasta que suceda lo esperado. Qué tiene que pasar? Yo no aguanto más. Me quiero ir. El miedo me vence y de pronto me veo subiendo por unos toboganes inflables*. Y sigo subiendo hasta que de pronto empiezo a ver que viene el agua cristalina que tanto esperábamos, con mucha fuerza y me aterroriza. Ahora me siento en las Cataratas del Iguazú. Voy contra el agua y luego me dejo llevar. Caigo por el tobogán y quiero irme de allí, pero me encuentro en un loop. Tengo que volver a subir el tobogán. El lugar está cerrado, no veo cielo, vuelve a venir el agua. Trato de volver al lugar inicial donde veía el glaciar, ya que era relajante. Veo gente que no reconozco, algunos caídos por el efecto de la inmensa marea. Ya es de noche pero no logro salir de alli.

Mi sueño se corta aqui y el recuerdo tarda en hacerse presente. Hago un esfuerzo por recordarlo. Hace tiempo que no tengo sueños, dormida. Despierta los tengo, aunque no tienen la fuerza que necesito para llevarlos adelante. Quiero más sueños como este. Que me  sacudan, que me ayuden a reflexionar. Que me dejen pensando y si es posible, me movilicen a realizar alguno de mis otros sueños.

A la prochaine!



*mi hijo tuvo un cumpleaños con un inflable así para waterslide la semana pasada

Friday, February 3, 2012

Arresten a ese hombre!

Qué mejor que una anécdota entretenida para volver a escribir!!! Creo que la última vez fue hace más de un año. Y no es que no haya pasado nada en todo este tiempo. Hoy tengo ganas de escribir...


Después de conversar y compartir con otros argentinos que viven en la zona sobre lo relajado que se vive aquí (En USA en general, en White Plains en particular), la gran seguridad, la posibilidad de revivir los momentos de la infancia en que jugábamos en la vereda (yo salía todos los días en Belgrano a jugar con vecinos y mis chicos juegan en la puerta de casa sin mi supervisión), ayer me volvió un poquito el sabor de mi Buenos Aires querido. 


Varias veces me sorprendí en el descuido por haber olvidado las llaves de casa puestas del lado de afuera, o las llaves puestas en el auto o Hernán dejando la puerta de casa sin llave cuando se va a la mañana y que no pasara nada.


Pero ayer fue distinto. Estaba desayunando en el comedor diario frente al ventanal que da a mi patio trasero cuando vi pasar a un muchacho justo por ahí. Casi atiné a saludarlo (el desconocido estaba caminando por MI patio de atrás) pero en realidad el miedo me dejó inmóvil. Los dos nos miramos... él siguió caminando y segundos después sin salir de casa me acerqué a otra ventana intentando ver hacia donde iba. Rápidamente pensé en llamar a mi vecina, pero no tenía su teléfono a mano. En mi búsqueda, ella me ganó de mano y compartimos el hecho. 


Terminamos llamando a la policía y 20 minutos más tarde me encontraba en una escena de película (que representa un mero hecho real) respondiendo preguntas a un policía con el objeto de tener una descripción del hombre. Más tarde mi vecina me comentó que había habido 3 robos en el barrio pero no tengo precisión si los 3 fueron el mismo día o si ocurrieron en los últimos 2 meses.


Por cierto, a la noche un helicoptero daba vueltas por la zona (yo no lo escuché, mi amiga sí) y por supuesto yo llamaba a las empresas de seguridad en busca de una solución mágica, empujada por los consejos bonaerenses de la familia preocupada. Como dice mi amiga y vecina Judith. "Ya pasaron. Hace 14 años robaron la última vez y ahora ya están buscando otro barrio".


Yo no me quiero alarmar, pero el efecto BA me acompaña fuertemente: miro para todos lados, cierro las puertas con llave, y como sugiere la policía: empezaré a dejar radio prendida y luces encendidas al dejar la casa sola....
Por lo pronto se trata de ladrones oportunistas! Y no les dalermos oportunidad!


A la prochaine.